Lo mejor de 2007

diciembre 31, 2007

 

2007 se despidió cinematográficamente como todos los años: presentando un balance donde se suman los grandes fiascos, la gente que cumplió, las sorpresas inesperadas y grandes cantidades de rutina, sobre todo procedente de Estados Unidos. Tal vez la nota más negativa la pusiese el cine español, pues ni sus más ardientes paladines pudieron defender el pobre nivel general de las películas patrias. La taquilla la salvaron en otoño los fenómenos de El orfanato y [REC], pero a nivel artístico se notó demasiado la ausencia de los grandes nombres, sin que como en otras ocasiones compensasen las óperas primas. Los que concurrieron, como Aranda y Medem demostraron no estar en su mejor momento. En cualquier caso, a juicio del Alcancero esto fue lo mejor de la cosecha del año recién finiquitado. Pero como todo bueno de película necesita su villano, sigue otro post con las peores películas de 2007. Y como siempre, desearles un 2008 donde las grandes películas se proyecten en sus vidas y en los cines (o en sus DVD).

 

ADIÓS, PEQUEÑA, ADIÓS

El pésimo actor Ben Affleck se pasó tras la cámara y nos cogió de sorpresa con esta crónica negra basada en una novela de Dennis Lehane (Mystic River). Como en los grandes clásicos, se mezclaba intriga, denuncia social, corrupción y una oscura mirada a la condición humana.

 

 

DEATH PROOF

Mientras su compañero en el proyecto Grindhouse la pifiaba con Planet Terror, Tarantino daba otra inclasificable obra maestra de su extraño talento. En ella era capaz de contar con morosidad dos veces la misma historia en un solo film con variantes cruciales. Y de unir, violencia, velocidad y erotismo dejando en pañales al Cronenberg de Crash.

 

 

DESEO, PELIGRO

Ang Lee alcanza definitivamente el camino de la grandeza con esta actualización de los grandes clásicos del melodramas históricos de los años 30. Sólo que donde había amor ahora hay sexo obsesivo, y donde había heroísmo ahora hay suciedad y el choque entre los ideales y su puesta en práctica.

 

 

EL ASESINATO DE JESSE JAMES POR EL COBARDE ROBERT FORD

A pesar de algún problema de ritmo, es una intensa película sobre los últimos meses del célebre forajido con turbiedades morales en su estudio del choque entre el mito y la realidad. Y de cómo ser una leyenda no está al alcance de cualquiera.

 

 

EL BUEN PASTOR

Tal vez disgustado de cómo va su carrera como actor, Robert De Niro rodó su segundo film que resultó ser una impresionante crónica de cómo el servir en los servicios secretos, lejos de ser heroico, puede ser el mejor camino para la vaciedad moral. Fría y deprimente como ella sola.

 

 

EL JEFE DE TODO ESTO

Lars Von Trier se tomo un respiro en su trilogía americana y filmó esta aparente comedia que como todo su cine operaba implacablemente en varios niveles: crítica al neocapitalismo salvaje y una magnífica reflexión sobre las representaciones y los roles que a veces nos vemos obligados a tomar.

 

 

EL LIBRO NEGRO

Harto ya de Hollywood, Paul Verhoeven volvió a su Holanda natal para rodar con libertad esta historia donde mezclaba desenfadadamente una narrativa de asumida serie B con una profunda y cruel reflexión sobre lo que significa sobrevivir en tiempos de canallas.

 

EL PARAÍSO DE HAFNER

Un excelente documental sobre la vejez de un miembro de las SS que vive en España. El film se beneficia de la tensión entre el personaje y un director que lo detesta y de no convertirse en un panfleto político, sino en una película sobre la decadencia y la inflexibilidad del fanatismo que resiste al tiempo.

 

 

LA SOLEDAD

La mejor película de este pobre año del cine español, que ha logrado colarse en los Goyas. Jaime Rosales demostró que Las horas del día no eran casualidad, diseccionando con su riguroso estilo objetivo a una serie de personajes que se mueven en su vida en la frialdad más absoluta aunque estén acompañados todo el rato.

 

 

LA VIDA DE LOS OTROS

Tal vez la película más justamente aclamada del año. Poco se puede añadir ya a lo dicho sobre esta magnífica historia de humanización de un agente de la Statsi y de lo que significa vivir bajo una dictadura.

 

 

RATATOUILLE

Brad Bird, director de Los increíbles, ofreció otra obra maestra de la animación con un nuevo y estimulante mensaje a favor de la diferencia con la insólita historia de una rata que es un genio de la cocina.

 

 

UN FUNERAL DE MUERTE

Aunque dirigida por el americano Frank Oz, esta película es una obra maestra del humor negro británico, con un guión excelentemente construido que nos lleva con inteligencia de sorpresa en sorpresa.

 

 

 TRISTRAM SHANDY: A COCK AND BULL STORY

No se distribuyó mucho esta joya de Winterbottom en la que adaptaba el inadaptable libro de Laurence Sterne. ¿Solución?. Tirar por la calle de en medio y hacer una paródica película sobre el estrellato y el cine dentro del cine, entre otras sabrosas sugerencias.

 

 

ZODIAC
David Fincher dejo de juguetear, se centró como hace diez años con Seven y nos ofreció esta soberbia crónica sobre el nunca atrapado Asesino del Zodíaco. O de más bien, de cómo un criminal así puede afectar a los que lo persiguen y llevarlos a la paranoia.  

Anuncios

Lo peor de 2007

diciembre 31, 2007

APOCALYPTO

Si Mel Gibson pretendía levantar su alicaída carrera cinematográfica dirigiendo esta epopeya maya, se equivoco, pues es un inverosímil film sobre una especie de superhéroe insensible al dolor y con un chocante final donde el integrismo cristiano de Gibson se delata.

CAÓTICA ANA  

Medem no controló la tendencia al desbarre que muestra siempre su cine y se le fue de las manos esta presuntuosa reivindicación del eterno femenino que confundía lo poético con lo meramente arbitrario y sin sentido.

CIUDAD DEL SILENCIO

Jennifer Lopez se deprimió mucho ante la mala acogida a esta producción suya sobre el drama de las mujeres asesinadas de Ciudad Juárez. Una muestra más de que el infierno está lleno de buena intenciones, pues además de la denuncia hace falta un guión menos desastroso y unos intérpretes más entonados.

DÍAS DE GLORIA

Otra reivindicación, en este caso del papel que jugaron los magrebíes en el ejército francés durante la Segunda Guerra Mundial, ahora que la inmigración es un problema. Pero no pasaba de ser un film bélico de los más tópico y con una batalla final risible.

EL CORAZÓN DE LA TIERRA

Uno de los grandes desastres del año. Un ambicioso film con vocación de ser el Novecento andaluz y se quedó en un absurdo gazpacho de actores de diferentes nacionalidades que no superaba el estadio del culebrón más rancio.

EL GUÍA DEL DESFILADERO

Innecesario remake estadounidense del film de Niels Gaup, que pasa la acción de laponia a la América precolombina. La película original tenía su interés antropológico, pero la nueva versión es un canto a la fuerza bruta y al cine tosco.

FLYBOYS

Más hazañas bélicas, en este caso sobre los voluntarios americanos en la aviación francesa durante la I Guerra Mundial. Otro guión chocarrero y unos efectos especiales que no estaban a la altura del tercer milenio, con combates aéreos donde el ordenador cantaba como las ametralladoras de estos caballeros del aire.

HANNIBAL, EL ORIGEN DEL MAL

La avaricia de seguir explotando el filón Lecter llevó a esta narración de porqué se convirtió en un caníbal. Moralmente resbaloso, pues le daba una justificación a este depredador. Y cinematográficamente pobre, pues encima dejaba más preguntas que respuestas sobre el nacimiento del monstruo.

LA INFLUENCIA

Pedro Aguilera pareció convertirse en una de las grandes esperanzas blancas de nuestro cine en 2007 con esta película aclamada en Cannes. Pero supo dar gato por liebre, pues nadie pareció darse cuenta de que es una mala clonación del estilo de Jaime Rosales pero quedándose en lo superficial, sin enterarse de nada.

LA MASAI BLANCA

Film alemán basado en una historia real: la de una burguesa que en un viaje a Kenia lo dejó todo al enamorarse de un guerrero masai, compartiendo su vida en la tribu. Una historia de amor loco que fracasaba por la corrección televisiva con la que estaba contada. Demasiada estética bonita para el duro corazón de África.

LUZ DE DOMINGO

Garci desesperadamente fiel a si mismo. Intentando ser John Ford sin talento, con sus espesos guiones y sus recursos al melodrama fácil. Uno se pregunta porqué Alfredo Landa ha tardado tanto en pelearse con el director.

MARÍA ANTONIETA

Directora sobrevalorada donde las haya, Sofía Coppola volvió a demostrar su gusto por el cine vacío y de diseño con la biografía de la reina de Francia, lleno de vaporosos planos, banda sonora guay, y una completa inanidad narrativa. Encima nos evita las escenas del juicio y ajusticiamiento de su majestad. Para guillotinarla.

PLANET TERROR

Mientras su colega en el proyecto Grindhouse, Quentin Tarantino, añadía otro entorchado a su carrera con Death Proof, Robert Rodríguez naufragaba con esta presunta parodia del cine de zombies. Y es que no hay nada más contraproducente que una película de humor que no tiene ni puñetera gracia.

SEDUCIENDO A UN EXTRAÑO

O la palmaria demostración que un sector de Hollywood ha tomado definitivamente al público por idiota, con un guión que tiene una sorpresa final que es una tomadura de pelo. Como si la gente se tomase al cine como un circo lleno de saltos inverosímiles. Halle Berry sigue sin levantar cabeza desde el Oscar por Monster’s Ball.


Rutina criminal

diciembre 29, 2007

En American Gansgter todo suena a ya visto. Es una crónica criminal de ascenso y caída de un mafioso de las que han inundado el cine desde el sonoro. Desde las clásicas El enemigo público número uno o Scarface hasta los percutantes filmes de Martin Scorsese, que ahora se dedica a la publicidad de lujo. La carrera de Frank Lucas, el hombre que en los años 60 cambió el negocio del narcotráfico, contada por el guionista Steven Zallian y el director Ridley Scott no aporta nada nuevo, la verdad.

 

            Gran parte de la culpa la tiene la poco interesada dirección de Scott, el hombre que rodó las cada vez mas lejanas Alien y Blade Runner. Es correcta y funcional –aunque eso lo salva al film de algún aturrullamiento narrativo-, pero le falta pasión. Da la impresión de que el cineasta se ha tomado este trabajo como puramente alimenticio, a pesar de que los productores -curiosamente uno de ellos es Nicholas Pileggi, el autor del libro Casino que inspiró el film homónimo de Scorsese- le esperaron años y pudo imponer sus condiciones. Como darle el papel del tenaz policía Richie Roberts, el hombre que persiguió a Lucas durante años, a su actor favorito Russell Crowe y aumentárselo. Tal vez esta exigencia explique que dos de los grandes puntos débiles de el film pertenezcan al personaje de Roberts. Por un lado la demasiada larga explicación de porqué el policía se convierte en un obsesivo cazador de narcos. Por otro, una fallida trama secundaria sobre el divorcio del agente, que intenta darle al personaje una ambigüedad y una complejidad algo absurdas, ya que lo que prevalece es que es un gran chico y un defensor a ultranza de la ley. Las oscuridades morales de las obras maestras del género se hallan ausentes aquí.

            Scott tira por el camino fácil del enfrentamiento entre el bueno y el malo, que siempre queda claro quienes son, desechando explotar las aristas que ofrecía la trama. American Gangster plantea la presencia en Estados Unidos de la mafia negra, que no ha sido muy tocada por el cine. Aunque Lucas se enfrenta a los mafiosos italianos estructura su negocio con el sentido familiar de ellos, trayéndose de su Carolina natal a sus hermanos y primos para que lo lleven. La corrupción policial cae en el mismo esquematismo del film y la implicación del ejército americano destinado en la guerra de Vietnam en el tráfico de heroína tampoco merece la profundidad del director. Lo peor, empero, es que Frank Lucas representó de alguna manera la cara oscura del sueño americano. Tenía un gran talento para los negocios pero los dedicó a ser un mafioso. Esta profunda ironía también se le escapa a Scott entre los dedos. Está claro que no quería complicarse mucho la vida y ser un buen chico industrial.

            Al final, queda una película rutinaria, que explota por enésima vez una machacona banda sonora de clásicos de los 60 -¿Cuántas veces hemos oído ya en un film la magistral Across the 110th Street?- y que se queda muy por debajo de las posibilidades que ofrecía el guión. Lástima que los escasos fragmentos de verdadero talento, como el abrigo de chinchilla que le cuesta tan caro a nivel de anonimato a Lucas y el plano final, con el mafioso descubriendo su triste realidad, no hayan tenido más continuidad en American Gangster.


La familia que explora unida…

diciembre 24, 2007

Aunque formalmente es una alianza entre la Disney y Jerry Bruckheimer, La búsqueda: el diario secreto, segunda entrega de las aventuras del patriótico cazatesoros interpretado por Nicolas Cage, tiene todos los estilemas del macarra productor. Es un film excesivo, donde la inverosimilitud de la trama se atenúa por el sentido del humor y la acción no sigue las sabias lecciones de dosificación de la saga de Indiana Jones, sino que se acumula de una forma arbitraria. Como en las típicas películas de Bruckheimer, La roca, Armageddon, Pearl Harbor o Con Air, los guionistas son convidados de piedra. Su única función es crear puentes entre las escenas de acción sin preocuparse mucho por su eficacia narrativa.

            Sin embargo, la mano del estudio del tío Walt se nota en el carácter familiar que tiene esta saga. No solo por que Ben Gates explore con sus progenitores (los veteranos Jon Voight y Helen Mirren, en dos clásicos papeles “es que lo pagaban muy bien”) como si fuese una excursión dominical, sino por la trama de esta segunda parte. Los Gates descubren que un antepasado suyo pudo estar implicado en el asesinato de Lincoln, lo que mueve la aventura al intentar limpiar retrospectivamente su nombre. El presunto rival de Cage en esta peripecia, encarnado por el siempre magnífico Ed Harris, también pelea por el honor de su apellido, con un sentido calderoniano del linaje insólito en la individualista sociedad estadounidense. Tanto empeño nos coge un poco lejos, la verdad.

            Y también está el tono patriótico, no en vano el titulo original de la serie es National Treasure. En La búsqueda: el diario secreto la institución presidencial está siempre presente. El recuerdo al carismático Abraham Lincoln, el libro que esconde los secretos más secretos de los inquilinos de la Casa Blanca, y por último, la presencia de un presidente majísimo, comprensivo y con un sentido del humor a prueba de bombas de Al Quaeda. Y es que los Gates son unos patriotas. También descubriendo tesoros ocultos se puede servir a los Estados Unidos.

            Si en otra ilustre colaboración Disney-Bruckheimer, Piratas del Caribe, la inspiración fue una atracción de un parque temático (Si Billy Wilder levantará la cabeza) en La búsqueda: el diario secreto se nota mucho la influencia de los videojuegos. El film no deja de ser una gran aventura gráfica donde una pista lleva a la siguiente y donde acaba habiendo trampas que resolver con el ingenio. Como película de aventuras, Bruckheimer, que nunca ha sido muy modesto, muestra una gran vocación totalizadora. Se mezcla el tecnothriller actual, donde un chico listo con un portátil en un servicio público puede descolocar el más sofisticado sistema de seguridad, con la aventura clásica llena de pasadizos secretos y donde los protagonistas tienen que usar la fuerza de sus brazos. Ideal para llenar un sábado por la tarde sin muchas expectativas ni exigencias, pero cabe lamentar el gasto de tantos recursos para una historia tan mal trazada y tan arbitraria. De nuevo, el departamento de efectos especiales se ha impuesto al del guión.


Servir a dos amos

diciembre 23, 2007

 Robert Hanssen pasa por ser el superespía americano, aunque desgraciadamente para el poder de Washington trabajó para el enemigo moscovita. Lo curioso es que empezó a hacerlo el mismo año en que Gorbachov llegó al poder, con lo que la Guerra Fría que ahora pretende recalentar Putin igual nunca se aplacó demasiado. Como los más conocidos superespías británicos Philby, Burguess y McLean, aprovechó su posición estratégica en la comunidad de inteligencia para acceder a secretos cruciales que pasó a Rusia. Hanssen era miembro de FBI y pasaba por ser el mejor analista soviético de la agencia. El daño hecho es incalculable. Códigos secretos, agentes americanos destinados en todo el mundo, el plan de contingencia sobre evacuación del gobierno de Washington en caso de guerra nuclear, las medidas de control de la embajada rusa en la capital del Potomac y un largo etcétera pasaron por sus manos.

            El director Billy Ray se ha encargado de poner en imágenes en El espía (absurdo y simplificador título teniendo en cuenta el original, Breach, brecha) el tramo final de la carrera de Hanssen. El verdadero protagonista es Eric O`Neill, un joven y ambicioso agente del FBI que fue puesto de “escolta” del superespía. Cuando este fue delatado por un agente doble, el chico fue asignado como asistente de Hanssen con el fin de  conseguir pruebas incriminatorias. En tres meses cayó en manos de la justicia, que fue implacable con él. Le condenó a cadena perpetúa, que cumple aislado del mundo en una celda de la que sólo sale una hora diaria. Billy Ray demuestra de nuevo el interés por los mentirosos que contó en su debut, El precio de la verdad, sobre el escándalo verídico de un megaguay periodista neoyorquino que se inventaba sus reportajes de impacto. Y demuestra la misma carencia. El guión de la cinta está muy por encima de su dirección. Las cámaras de Ray son eficaces contando la caída en desgracia de Hanssen, pero la turbiedad moral de su guión no la explota todo lo que sería menester. La película pertenece a gris mundo de los espías funcionarios de John Le Carré. El agente doble es un personaje complejo: cree que se halla marginado dentro de la agencia, en un rasgo muy de funcionario. Miembro del Opus Dei, católico de misa diaria, utiliza con la esposa de O’Neill las tácticas sectarias propias de su organización. Es desconfiado y pone a todo el mundo a prueba, como muestra de la paranoia en que vive. Es la gran baza de la película, la creación del personaje y su soberbia encarnación por parte de Chris Cooper.

            Frente a el, Eric O’Neill, al que al principio se le mantiene engañado sobre el alcance de su misión. Su lealtad se divide entre su ambición, su matrimonio que se resiente con la persecución a Hanssen, y sus superiores. Lo malo es que empieza a mantener una relación amor-odio con el jefe al que tiene que atrapar, lo que le lleva a un debate moral. Tanto que O’Neill acabó dejando el FBI tras la experiencia de ser a su vez un desleal sancionado por el sistema. Lástima para su carrera, pues antes del asunto Hanssen se estaba especializando en terrorismo. Siete meses después de la detención del superespía, que tuvo lugar en febrero de 2001, sus conocimientos en ese campo hubiesen sido muy apreciados. El problema es que como se dijo Ray no termina de explotar las cuestiones morales y se queda en la parte de thriller, aunque resuelto con gran eficacia. De haberlo hecho ahora podríamos estar ante una de las obras maestras del año. También perjudica la interpretación de Ryan Philippe, muy inferior a Cooper y a la gran Laura Linney, que encarna a su jefa. En cualquier caso, El espía es un film de gran interés y que puede ser una magnífica alternativa a un cine dominado por las películas propias de las navidades.


Días sin huella

diciembre 22, 2007

Gus Van Sant ha sabido desconcertar. De ser uno de los popes del movimiento independiente americano se pasó al cine Mainstream de los grandes estudios incluyendo paseos por los Oscars. No tuvo que ser fácil. De rodar títulos como Drugstore Cowboy y Mi Idaho privado a filmar El indomable Will Hunting (que tuvo el daño colateral de hacer creerse al bueno de Robin Williams que podía ser un actor dramático. Aún está recuperándose) y Descubriendo a Forrester, va un mundo. Pero fue el disparate de revisar Psicosis lo que hizo temer que Van Sant se había perdido para siempre, aunque su periplo por los grandes estudios tuvo un momento interesante en Todo por un sueño. Pero hete aquí que el cineasta dio otro bandazo y volvió a sus orígenes pero de una forma más radical que antes. Magnífico para festivales y veneno para la taquilla. Sin embargo, Van Sant pudo ser el originador de convertir el movimiento indie en una plataforma para que jóvenes ambiciosos se diesen a conocer para poder pasarse con armas y bagajes a los grandes estudios.

            Nuestro director cierra con Last Days una trilogía que ha denominado “de la muerte”. Son películas basadas en hechos reales, filmadas con austeridad, jugando con el tiempo de la narración y donde aparentemente no pasa nada en pantalla, lo que justifica el sombrío mundo de sus protagonistas. El vacío vital es el verdadero mensaje de estas cintas. Last Days tuvo como antecesoras a Gerry y la soberbia Elephant, sobre la matanza del instituto Columbine. En el film que culmina la trilogía se habla del suicidio de Kurt Cobain, el líder de Nirvana, pero en clave. Los nombres han sido cambiados por el miedo que hubo a demandas por parte de la viuda del músico, la polémica Courtney Love, pero lo que se cuenta es inequívoco. Gus Van Sant casi lo plantea como una película de terror. El destartalado caserón donde pasa sus últimos días el protagonista parece en su lobreguez el castillo de Drácula. El tiempo se pasa de una forma muy poco creativa, como un reverso tenebroso del nihilismo que predicaba Cobain. El cantante, llamado aquí Blake, como el poeta, está tan aislado moral como físicamente en la tétrica casa. Nadie parece entenderle. Los que le rodean son unos buitres que quieren triscar de su fama. Hay un momento magnífico en la cinta, cuando se sacude la modorra y canta con pasión un tema. Ahí vemos a un hombre talentoso y descubrimos lo que arde bajo su abandono vital. La pregunta es si le merece la pena expresarlo ante la mezquindad que le rodea.

             Van Sant narra todo esto con austeridad y con una engañosa planificación que hace creer que la acción no avanza, cuando más que una película narrativa, Last Days es descriptiva de un estado de ánimo que lleva al suicidio. A destacar el gran trabajo de Michael Pitt, al que el próximo estreno de Seda, según la novela de Baricco, puede lanzar al estrellato definitivo. Que tiemble su hermano mayor, Brad.


La ciudad si es para mi

diciembre 21, 2007

Hay dos películas en Soy leyenda que se enfrentan y se anulan. La primera ocupa el tramo inicial de la cinta y va muy al respecto de las reflexiones filosóficas del autor de la novela original, Richard Matheson. Puede que alguno de ustedes haya fantaseado en que harían si se quedasen solos en su ciudad de residencia, pero la película les quita las ganas. Will Smith es un superviviente en Nueva York de una brutal pandemia vírica que ha exterminado a casi toda la humanidad. Puede ser el último hombre vivo del planeta, aunque tiene unos vecinos muy incómodos. Algunos de los infectados no murieron y se han convertido en una especie de vampiros que sólo salen de noche. Su caracterización es uno de los aspectos más discutibles de Soy leyenda, pues siguen la fastidiosa moda de nosferatús chillones que garantizan distorsiones en la banda de sonido.

            El protagonista se organiza su rutina solitaria en un Nueva York que ha quedado todo para él, progresivamente controlado por la maleza y con las huellas de la tragedia que la asoló. Puentes volados para aislar Manhattan (allí nació el virus. De nuevo la Gran Manzana como centro del terror mundial), las barricadas puestas por el ejército para controlar a la población desesperada, etc. Robert Neville, que así se llama.el personaje, vive a la luz del sol aprovechando que sus enemigos descansan en la oscuridad de sus refugios. Va a un videclub para sacar todas sus pelis –aunque curiosamente nunca va a una biblioteca. La lectura no entra en sus prioridades-, ha colocado maniquíes estratégicamente para hablar con ellos, saquea casas buscando conservas y cosas que le sean útiles, aprovechando que ningún policía le va a pedir cuentas. Lanza mensajes por radio y todos los días acude al puerto de Nueva York a ver si alguien ha respondido. Y siempre pendiente cual cenicienta del reloj para que no le sorprendan las criaturas de la noche. En este retrato de este hombre intentando suplir sus carencias sociales se halla lo mejor de Soy leyenda. La soledad acaba afectando. Cuando una de sus rutinas se rompe su reacción será paranoide. Y puede que si se cumple su sueño de hallar a otro ser humano no tenga una respuesta ten empática como sería deseable. Al fin y al cabo, Neville tiene toda una ciudad a su servicio como espacio propio que igual no quiere en el fondo sea invadido.

 

            Pero el protagonista tiene otra ocupación en que matar su inmenso tiempo. Y aquí es donde empiezan las diferencias con la novela de Matheson y la cosecha propia del guionista Akiva Goldsman y el director Francis Lawrence que acaban dando al traste con la película. En el libro y en las dos versiones cinematográficas anteriores el último hombre vivo era un sujeto corriente y moliente, como es propio en las obras del escritor. En el film que nos ocupa es un prestigioso virólogo que en su momento fue uno de los que fracasó intentando frenar la pandemia. Aprovechando que tiene a su disposición todo lo que puede mangar, se ha montado un chiringo para seguir investigando la enfermedad. Eso le da a Will Smith una superioridad sobre sus dos antecesores dando vida al personaje (Vincent Price y Charlton Heston) pues sigue manteniendo la civilización en pleno desastre. También se pierde la ambigüedad moral. En el libro el humano superviviente se convertía en el extraño a abatir, al ser ajeno a la especie vampírica ahora dominante. En la actual Soy leyenda queda claro que los nosfesratus son unos seres repulsivos que merecen la muerte y que Neville es el bueno. Los de la novela eran menos esquemáticos y con más capacidad para la metáfora social.

 

            Pero este punto reaccionario se intensifica en el tramo final de la cinta, cuando adquiere un chirriante mensaje cristiano donde los que tienen fe alcanzaran un trasunto de tierra prometida y los que no crean morirán. Así, Neville acaba siendo una especie de Moisés bioquímico. Aunque algunos detalles de Soy leyenda nos previenen de esta conclusión. El virus que causa el Armageddon ha sido creado por una doctora (chocante cameo de Emma Thompson) con objeto de curar el cáncer que se ha salido de madre. Otra variante del “chicos, no juguéis a ser Dios que os quemáis”. Neville reza con su familia en uno de los flashbacks que asaltan al protagonista en sus asediadas noches. Esto saca a la película de su interesante planteamiento inicial y consuela al público americano que de ve rodeado de los vampiros del terrorismo. Mantened la fe que por muy malita que este la cosa Dios nos ayudará. En fin, sólo cabe recuperar las dos versiones anteriores en DVD y sumergirse en el escéptico mundo del Matheson literario.

 

PD- Si alguno de los lectores maneja wordpress y sabe como hacer para evitar que las primeras líneas queden pegadas a la foto inicial, por favor que me lo diga. Gracias.