Rutina criminal

En American Gansgter todo suena a ya visto. Es una crónica criminal de ascenso y caída de un mafioso de las que han inundado el cine desde el sonoro. Desde las clásicas El enemigo público número uno o Scarface hasta los percutantes filmes de Martin Scorsese, que ahora se dedica a la publicidad de lujo. La carrera de Frank Lucas, el hombre que en los años 60 cambió el negocio del narcotráfico, contada por el guionista Steven Zallian y el director Ridley Scott no aporta nada nuevo, la verdad.

 

            Gran parte de la culpa la tiene la poco interesada dirección de Scott, el hombre que rodó las cada vez mas lejanas Alien y Blade Runner. Es correcta y funcional –aunque eso lo salva al film de algún aturrullamiento narrativo-, pero le falta pasión. Da la impresión de que el cineasta se ha tomado este trabajo como puramente alimenticio, a pesar de que los productores -curiosamente uno de ellos es Nicholas Pileggi, el autor del libro Casino que inspiró el film homónimo de Scorsese- le esperaron años y pudo imponer sus condiciones. Como darle el papel del tenaz policía Richie Roberts, el hombre que persiguió a Lucas durante años, a su actor favorito Russell Crowe y aumentárselo. Tal vez esta exigencia explique que dos de los grandes puntos débiles de el film pertenezcan al personaje de Roberts. Por un lado la demasiada larga explicación de porqué el policía se convierte en un obsesivo cazador de narcos. Por otro, una fallida trama secundaria sobre el divorcio del agente, que intenta darle al personaje una ambigüedad y una complejidad algo absurdas, ya que lo que prevalece es que es un gran chico y un defensor a ultranza de la ley. Las oscuridades morales de las obras maestras del género se hallan ausentes aquí.

            Scott tira por el camino fácil del enfrentamiento entre el bueno y el malo, que siempre queda claro quienes son, desechando explotar las aristas que ofrecía la trama. American Gangster plantea la presencia en Estados Unidos de la mafia negra, que no ha sido muy tocada por el cine. Aunque Lucas se enfrenta a los mafiosos italianos estructura su negocio con el sentido familiar de ellos, trayéndose de su Carolina natal a sus hermanos y primos para que lo lleven. La corrupción policial cae en el mismo esquematismo del film y la implicación del ejército americano destinado en la guerra de Vietnam en el tráfico de heroína tampoco merece la profundidad del director. Lo peor, empero, es que Frank Lucas representó de alguna manera la cara oscura del sueño americano. Tenía un gran talento para los negocios pero los dedicó a ser un mafioso. Esta profunda ironía también se le escapa a Scott entre los dedos. Está claro que no quería complicarse mucho la vida y ser un buen chico industrial.

            Al final, queda una película rutinaria, que explota por enésima vez una machacona banda sonora de clásicos de los 60 -¿Cuántas veces hemos oído ya en un film la magistral Across the 110th Street?- y que se queda muy por debajo de las posibilidades que ofrecía el guión. Lástima que los escasos fragmentos de verdadero talento, como el abrigo de chinchilla que le cuesta tan caro a nivel de anonimato a Lucas y el plano final, con el mafioso descubriendo su triste realidad, no hayan tenido más continuidad en American Gangster.

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One Response to Rutina criminal

  1. […] La quinta, Nottingham, donde recupera la leyenda de Robin Hood ya está en marcha. La anterior, American Gangster, la pudimos ver las pasadas navidades. Y por desgracia todo lo que se veía de malo en la película […]

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