Días sin huella

Gus Van Sant ha sabido desconcertar. De ser uno de los popes del movimiento independiente americano se pasó al cine Mainstream de los grandes estudios incluyendo paseos por los Oscars. No tuvo que ser fácil. De rodar títulos como Drugstore Cowboy y Mi Idaho privado a filmar El indomable Will Hunting (que tuvo el daño colateral de hacer creerse al bueno de Robin Williams que podía ser un actor dramático. Aún está recuperándose) y Descubriendo a Forrester, va un mundo. Pero fue el disparate de revisar Psicosis lo que hizo temer que Van Sant se había perdido para siempre, aunque su periplo por los grandes estudios tuvo un momento interesante en Todo por un sueño. Pero hete aquí que el cineasta dio otro bandazo y volvió a sus orígenes pero de una forma más radical que antes. Magnífico para festivales y veneno para la taquilla. Sin embargo, Van Sant pudo ser el originador de convertir el movimiento indie en una plataforma para que jóvenes ambiciosos se diesen a conocer para poder pasarse con armas y bagajes a los grandes estudios.

            Nuestro director cierra con Last Days una trilogía que ha denominado “de la muerte”. Son películas basadas en hechos reales, filmadas con austeridad, jugando con el tiempo de la narración y donde aparentemente no pasa nada en pantalla, lo que justifica el sombrío mundo de sus protagonistas. El vacío vital es el verdadero mensaje de estas cintas. Last Days tuvo como antecesoras a Gerry y la soberbia Elephant, sobre la matanza del instituto Columbine. En el film que culmina la trilogía se habla del suicidio de Kurt Cobain, el líder de Nirvana, pero en clave. Los nombres han sido cambiados por el miedo que hubo a demandas por parte de la viuda del músico, la polémica Courtney Love, pero lo que se cuenta es inequívoco. Gus Van Sant casi lo plantea como una película de terror. El destartalado caserón donde pasa sus últimos días el protagonista parece en su lobreguez el castillo de Drácula. El tiempo se pasa de una forma muy poco creativa, como un reverso tenebroso del nihilismo que predicaba Cobain. El cantante, llamado aquí Blake, como el poeta, está tan aislado moral como físicamente en la tétrica casa. Nadie parece entenderle. Los que le rodean son unos buitres que quieren triscar de su fama. Hay un momento magnífico en la cinta, cuando se sacude la modorra y canta con pasión un tema. Ahí vemos a un hombre talentoso y descubrimos lo que arde bajo su abandono vital. La pregunta es si le merece la pena expresarlo ante la mezquindad que le rodea.

             Van Sant narra todo esto con austeridad y con una engañosa planificación que hace creer que la acción no avanza, cuando más que una película narrativa, Last Days es descriptiva de un estado de ánimo que lleva al suicidio. A destacar el gran trabajo de Michael Pitt, al que el próximo estreno de Seda, según la novela de Baricco, puede lanzar al estrellato definitivo. Que tiemble su hermano mayor, Brad.

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One Response to Días sin huella

  1. […] unos meses les hablé en este blog de Last Days, la última obra de Gust Van Sant, presentada en el ciclo Campus Cinema Alcances, que en la ciudad […]

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