Metafísica del mal

En el fondo, la novela No es país para viejos, de Cormac McCarthy, es bastante conservadora. Es una obra de anciano que añora los viejos tiempos donde el mal y el bien estaban mejor definidos. Esto no deja de ser una falacia, como recordar los veinte años de cada uno como una época maravillosa. La tortuosa historia del hombre sobre el planeta Tierra nos demuestra que si todo hubiese estado tan claro como parece en la memoria de McCarthy, otro gallo nos hubiese cantado. Otra cosa es que antaño la gente estuviese dispuesta a aceptar los valores imperantes sin rechistar, en vez de lo que ocurre en estos descreídos tiempos. Es por ello que en el libro son tan importantes los monólogos del sheriff Bell, un viejo vaquero en la sesentena que no entiende nada de la violencia que se desencadena en su jurisdicción cuando un grupo de narcos empieza a matarse. Y cuando uno de sus convecinos cede a la codicia al encontrar una cartera llena de dinero, empezando una persecución implacable.

Los Coen son más jóvenes que el prestigioso y huraño escritor norteamericano y no les interesa tanto la nostalgia. Tal vez por ello el sheriff Bell sea el gran perjudicado de su adaptación. Ellos ponen el punto de gravedad de No es país para viejos en lo que les interesa, los aspectos en los que el libro se une a sus mejores obras. Tras las fallidas y más bien preocupantes Crueldad intolerable y The Ladykillers los hermanos aprovechan la oportunidad para recuperar la violencia rural de Fargo y de su impactante debut hace ya casi un cuarto de siglo, Sangre fácil. De nuevo tenemos a paletos jugando con fuego pasándose de listos y una presencia del azar que lo descoloca todo. He aquí porque los Coen le dan tanta cancha al personaje central de la historia, Anton Chigurh.

Además de poderle dar el Oscar a Bardem, que tras El amor en los tiempos del cólera demuestra que se le dan mejor los papeles sombríos que los líricos, Chigurh es un ser metafórico. Un asesino nato, que se dedica a ello 24 horas del día, como un auténtico robot de la destrucción. Uno, aunque la comparación suene a escandalosa, le recuerda al Terminator en su carencia de objetivos más allá de los profesionales, en su implacabilidad y en su ausencia de vida cotidiana. Nunca le vemos comer ni hacer nada parecido. Sólo consagrarse a su misión de destrucción. Es una metáfora del mal, de ese mal que entra en nuestras vidas cuando menos lo esperamos y que tal como llega desaparece, aunque dejando sus secuelas. El sheriff Bell lo explica en la novela en un magnífico monólogo que por desgracia los Coen han desechado. Javier Bardem es consciente de ello y le da a su interpretación el amenazante tono de un ángel de la muerte. Las únicas veces que habla es para mostrarnos su peculiar filosofía, que es la de la historia. Todo es azaroso y puede depender de una moneda. Más que un psicópata, Chigurh es un nihilista que pone al hombre en su lugar de cascarón de nuez frente a las fuerzas desatadas del universo.

Ante esto, el resto de los personajes palidecen un tanto, aunque la interpretación de todos ellos es de categoría, en especial la del gran Tommy Lee Jones como Bell y la del ascendente Josh Brolin como el paleto cuya avaricia desata todo. Los Coen cuentan toda esta trama de persecuciones por los campos y moteles de Texas con el frío ritmo de un escalpelo y con toda la crueldad de la novela de McCarthy, en la que es su mejor película en años. Pero este Alcancero es puñetero, que se le va a hacer, me dibujaron así, y no deja de inquietarle que una de las parejas más creativas del cine americano reciente tenga que pegarse tanto a un trama ajena. Tras sus dos filmes anteriores, habrá que preguntarse si la vieja creatividad de los hermanos está atascada y necesitan fuentes externas. El tiempo lo dirá.

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3 Responses to Metafísica del mal

  1. Microalgo dice:

    Pero ¿recomienda Usted verla, o no? (deduzco que sí, pero no veo que se moje mucho en una dirección u otra…)

    ¿Ya anda por acá, Monsieur?

  2. Microalgo dice:

    La vi ayer. Extraño el monólogo final del policía. Ya lo comentaremos frente a un cafelito (o una cerveza, en su defecto).

  3. […] de leer, el segundo film que nos llega este 2008 de los hermanos Coen tras la algo sobrevalorada No es país para viejos. En este oscarizado título el mérito lo tenía la novela de Cormac McCarthy, que fue fotocopiada […]

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