La conjura de los necios

valquiriaHabía varias formas de acercarse a la conspiración del 20 de julio de 1944 que intentó fallidamente asesinar a Hitler. Una era centrarse en la fascinante figura de Claus Von Stauffenberg, el coronel que dirigió la trama y puso la bomba a los resistentes pies del Führer. Aunaba en su estragado cuerpo a un militar alemán al viejo estilo con un sensible y culto aristócrata, que en su juventud había pertenecido al círculo íntimo del extraño poeta Stefan George, un sujeto ideológicamente ambiguo al que los nazis intentaron en vano adoptar como uno de los suyos. Pero este no es el camino seguido por el film Valquiria. Stauffenberg es aquí un buen chico sin muchos matices, que actúa según eso tan difuso llamado patriotismo.

 

            Otra vía podía haber sido indagar en los conspiradores del 20 de julio. Lo interesante del atentado no es que se trataba de un asesinato sin más, como otras tentativas anteriores contra Hitler –entre ellas el rocambolesco asunto de la bomba en las botellas de coñac del general Von Treskow, que Valquiria recupera al principio de su metraje- sino que era el detonante de un golpe de estado que pretendía derrocar al estado nazi y negociar con los aliados. Era un conspiración cívico-militar, pero tenía más aristas de lo que parecía. Ahora muchos los presentan como unos demócratas que dieron su vida por la causa, pero esto no es así. En realidad eran un grupo de aristócratas que no pretendían volver a la malhadada república de Weimar, sino al imperio guillermino por lo menos. Su programa era bastante confuso, pues pensaban pedirle a los aliados mantener las conquistas territoriales hechas por Hitler hasta el estallido de la guerra, algo que difícilmente hubiesen admitido unos enemigos que por aquellas fechas ya habían metido la directa hacía Berlín. Esto evidencia la ambigüedad de los conservadores ante al nazismo. Lo detestaban, pero lo aceptaron y colaboraron con él mientras las cosas fueron bien, como demuestra que después de todo quisiesen mantener la expansión del III Reich hasta el conflicto. El propio Stauffenberg, cuya entrada en la oposición a Hitler fue bastante tardía, tiene cartas escritas desde Polonia tras la invasión de este país en septiembre de 1939 en la que se refiere a los desdichados polacos y judíos en unos términos que un jerarca nazi aprobaría. De hecho, leyendo las quejas de algunos de estos irrealistas conspiradores da la impresión de que detestaban al partido de la esvástica más porque sus ruidosos militantes no sabían distinguir los cubiertos del pescado de los de la carne que por su asesina política. Pero estas complejidades no se ven en la película. Como en el caso de Stauffenberg, los conspiradores son unos buenos chicos sin muchos matices. Esto lleva a que dos de los grandes villanos de la jornada del 20 de julio, el general Fromm y el mayor Remer, sean malos que rozan lo caricaturesco. El que los golpistas esperasen a actuar a cuando el desastre en Alemania era irremediable y que después de todo fuesen unos chapuzas –en el ejército germano no había tradición golpista y eso se notó ese día- queda sepultado por el discurso fácil de los héroes de una pieza.

 

            Así, Valquiria opta por el camino que se espera después de todo de una gran producción de Hollywood, el espectáculo sin complicaciones. Ni Tom Cruise, protagonista y productor, ni Bryan Singer, director, ni Christopher McQuarrie, guionista, buscan los matices y hacen una película de gran aparato y poca profundidad. Estamos de acuerdo en que un film no debe ser un tratado de Historia, pero reducirlo todo a una película de suspense a secas queda pobre. Falso suspense, pues cualquiera mínimamente informado sabe que el complot fue un fracaso. Y sí, Valquiria funciona bien en su registro, dando lugar a un film entretenido y competente que se traga como si nada, pero la sensación final que queda es la de haber visto una gran historia que se ha quedado en la epidermis. Por ejemplo, el hecho de centrar la acción en un reducido grupo de personajes impide ver la gran represión que cayó sobre el ejército alemán tras el fracaso del golpe, que sirvió al nazismo agonizante para ajustar cuentas con los “Von” y “Und” que poblaban las fuerzas armadas. Golpe que por otra parte según Singer estuvo a punto de triunfar cuando no parece que este fuese el caso. Seguramente, Himmler y sus SS no se hubiesen rendido tan fácilmente a los golpistas de haber matado a Hitler. Tenían mucho que perder.

 

            Y es sintomático de cómo se ha abordado esta recreación del 20 de julio el que se insista tanto en el parecido de Cruise con el verdadero Stauffenberg. Bueno, el actor es un retaquito y el coronel medía 1’90. Si este es el baremo para autentificar la película, apaga y vámonos.

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2 Responses to La conjura de los necios

  1. Microalgo dice:

    Hace nada vi la película original (alemana) en la tele, y no me pareción mala.

    Creo que no voy a pagar por ver ésta.

    Por cierto, a este remake no le han cambiado ni el nombre…

  2. Microalgo dice:

    ¿Y no se está especializando mucho el Cruise en remakes? La guerra de los mundos, vanilla sky, ahora ésta…

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