Instinto maternal

leonera

Todo el mundo cree que el cine argentino consta de películas donde la gente se pasa la vida perorando hasta el infinito, pero eso no es del todo exacto. Un grupo de directores como Pablo Trapero o Lucrecia Martel desmienten este axioma muy propio del país de los psicoanalistas. Sus filmes son más bien silenciosos dejando que la imagen y las rutinas de los personajes dominen la acción, con protagonistas más bien dados a no mostrar en público sus sentimientos. Aquí la vena centroeuropea que tiene en sus raíces gran parte de la población argentina se impone a la latina.

 

            Precisamente Pablo Trapero, el director de El bonaerense y de Familia rodante (ésta última un involuntario antecedente de Pequeña Miss Sunshine, quién lo diría) acaba de estrenar entre nosotros Leonera, donde su distante estilo parece a priori encajar mal. Ambientada en una cárcel de mujeres, el jaleo que suele haber en estos sitios no es el apropiado para sus silencios. Pero Trapero se las arregla. Al fin y al cabo, en una prisión coinciden un montón de desconocidos (desconocidas en este caso) que no tienen nada en común, con lo que a pesar del ruido pocos se comunican de verdad. Esta es la estrategia seguida por el director. La trama nos presenta a una mujer embarazada que un día se levanta con un cadáver al lado. A pesar de que es dudosa su culpabilidad, va a prisión y es condenada por ello. Por cierto, que los que piensan que la Justicia española va mal, que sepan que la protagonista está ¡cuatro años! de presa preventiva antes de que la juzguen. En la cárcel tiene a su hijo. En principio, es la clásica protagonista de un film de Trapero. Transita por su vida y por su dura situación como una zombi emocional, como si nada le importara. Pero es una trampa. Mediado el metraje de Leonera, la madre de la protagonista le roba a su ya algo crecidito hijo, con la excusa de que una cárcel no es el mejor entorno para cuidar a un crío. La reacción de la reclusa con tal de defender su derecho al niño es un estallido emocional insólito en un film de Pablo Trapero.

 

            Entonces nos damos cuenta de que la leonera del título no hace referencia a la cárcel, lugar desastrado donde los haya, sino a la madre que defiende a su cachorro. El director filma esto con su habitual estilo documental que nos narra de forma desapasionada y objetiva el funcionamiento de una prisión de mujeres. Como en la magistral Falso culpable de Hitckcock, hay una morbosa recreación inicial del proceso burocrático que lleva a una persona a convertirse en un número dentro de la administración de justicia. Lo sorprendente es que Pablo Trapero, cuando llega el estallido, sabe ser a la vez dramático y ser fiel a su objetividad, en un equilibrio insólito que le sale bien. Una evidencia de que definitivamente el cine argentino es mucho más que charladores eternos y puede ser muy sutil.

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