El asesino aburrido

Bangkok Dangerous es una buena prueba de la voracidad de la industria del cine americano actual explotando filones que como buenos neocapitalistas agotan pronto. No contentos con saquear como si fuesen los árboles del Amazonas los filmes de terror orientales en todas sus variantes –remake americano, remake americano por el director original, remake por director americano y secuela del remake por el director original, etc-, ahora buscan en la obra de estos nuevos talentos importados de Asia fuentes de inspiración. Así ha ocurrido con el film que nos ocupa. En 1999 fue la ópera prima de los hermanos hongkoneses Danny y Oxide Pang, que se dieron posteriormente a conocer en Occidente con su película de terror The Eye. Consecuentemente fueron absorbidos por Hollywood –variante secuelas del remake por directores originales- y tuvieron la oportunidad de volar sin lastres del pasado con The Messengers, pasada no hace mucho por nuestras pantallas. Algún ejecutivo vio en este tiempo Bangkok Dangerous y le pareció una buena idea hacer una versión americana (remake por los directores originales), que es la que se acaba de estrenar en España.

 

            Y visto el resultado, se podían haber ahorrado el esfuerzo. El nuevo Bangkok Dangerous (debo confesar que desconozco el primero) es un átono y aburrido film de acción que bebe de muchas fuentes y no aporta nada nuevo. Habla de un asesino a sueldo que ha hecho de su profesión una ética personal, si es que tal término puede ir unido a un criminal. Es solitario, no confía en nadie y vive para sus macabros encargos. Pero sorprendentemente cuando llega a la capital de Tailandia para un “trabajito” múltiple todo cambia, merced a un guión bastante inverosímil. Suele fichar a algún marginal del lugar donde se desplaza para que le haga de recadero al que luego elimina. De forma incomprensible el que escoge en Bangkok, un ladronzuelo callejero, le llega al alma y se apiada de él, a la vez que se enamora de una auxiliar de farmacia sordomuda. El problema es que la historia carece de toda densidad dramática. El asesino no nos conmueve en su asumida soledad inicial y estos giros de guión están pésimamente explicados. Un pasotismo emocional se apodera de esta floja historia, que nos impide identificarnos con nadie –es incomprensible que el criminal le caiga bien el insoportable personaje del ladronzuelo, encarnado por un desesperante Shahkrit Yamnarm- y que tampoco funciona como película de acción. Piratea demasiado de los clásicos del géneo orientales, John Woo a la cabeza, con un emblemático tiroteo con una estantería por medio incluido, pero sin su garra y con mucho mediocre oficio rutinario. En fin, una nueva guiñada de este extraño actor llamado Nicolas Cage, capaz de lo peor (El motorista fantasma) y de lo mejor (El señor de la guerra) sin mucho punto medio. En este caso, la moneda cayó del lado de lo peor.

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