Justicia a la rusa

12 es aparentemente una nueva versión de la célebre 12 hombres sin piedad, el guión televisivo de Reginald Rose que pasó a las tablas y de ahí al cine. Hace medio siglo Sydney Lumet, ese chaval de 84 años que acaba de estrenar la magistral Antes que el diablo sepa que has muerto, utilizó esta historia para debutar en la gran pantalla, con Henry Fonda como el jurado que se enfrenta a sus compañeros. En España hubo una inolvidable versión para el mítico Estudio 1 a primeros de los 70, con un reparto irrepetible y que marcó a toda una generación en la que se cuenta este Alcancero.

 

            El film que nos ocupa sigue los grandes momentos de la trama: están el cuchillo duplicado, el anciano cuya cojera le impide llegar a tiempo de ver al asesino escapar como ha declarado en el juicio, la mujer miope que ve a través de una ventana el crimen, etc. Pero decía en el párrafo anterior que es una nueva versión aparente por varios motivos. 12 es un film ruso, dirigido por el controvertido Nikita Mikhalkov, y su historia no se centra en la tradición judicial americana, sino en la nueva Rusia. El texto original de Rose se insertaba en el discurso liberal de su país. Más vale dejar a un posible culpable libre si hay dudas razonables sobre la solvencia de los argumentos judiciales que lo condenan que arriesgarse a enchironar a un inocente. Pero a Mikhalkov no le interesa nada de esto. Al fin y al cabo su país es un adolescente democrático, y esa tradición de los jurados es nueva. El cineasta aprovecha para hacer una reflexión sobre la actual Rusia.

 

            Así, los doce componentes del jurado representan diversos aspectos de la actual sociedad del que fue país de los soviets. El funcionario ex comunista que se ha quedado fuera de juego, el nuevo rico, el antiguo militar, el rusófilo irredento, el que viene de las provincias sometidas por Moscú, el judío que levanta ampollas en alguno de sus compañeros, etc. Más caña tiene que el presunto criminal es un joven chechenio acusado de matar a su padrastro, oficial del ejército ruso. Todo muy bien, pero el film es farragoso y confuso. Mikhalkov destroza todos los atractivos de la obra original. Las reglas aristotélicas de unidad de acción, lugar y tiempo se rompen con la historia del acusado antes de su detención, que no añaden nada y resultan repetitivas. Peor es que lo que eran argumentos judiciales se sustituyen por unos pesados argumentos morales que hacen que cada jurado tenga unos monólogos bastante soporíferos y que contribuyen a que la película dure unas excesivas dos horas y media. Así, la justicia cerebral se sustituye por un seudo misticismo muy ruso, que podía ser grande en Tolstoi y Dostoyevski, pero aquí es aburridísimo. Además, los actores pierden toda la intensidad dramática de los personajes originales con interpretaciones grotescas y sobrepasadas.

 

            Y hay un tufillo muy extraño ideológico. No en vano el director, que se reserva un papel crucial en su film, es una ultranacionalista ruso, defensor de la ortodoxia ortodoxa y amigo y defensor público del señor Putin. El caos en que siempre caen las votaciones del jurado parece una burla de un pueblo que no está preparado para la democracia, así como que la deliberación tenga lugar en el gimnasio de una escuela anexa. El juzgado no tiene una sala adecuada. Y el discurso final, donde 12 se aleja definitivamente, del liberalismo del texto original, y que da el personaje encarnado por Mikhalkov curiosamente, es bastante resbaloso. Y es que lo malo de la película no es que hable de la confusión rusa en la actualidad, sino que da soluciones bastante agresivas. Seguimos prefiriendo a Henry Fonda y José María Rodero.

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3 Responses to Justicia a la rusa

  1. Barlovento dice:

    Hola Alcancero:

    No hace mucho volví a ver “12 hombres sin piedad” . Y, aveces sientes que hay películas con las que, por mucho que pase el tiempo, vuelves a experimentar exactamente el mismo deslumbramiento que la primera vez. En este caso, yo tendría 12 ó 13 años.Recuerdo cómo sentí el calor, la asfixia, la claustrofobia y la angustia que se respiraba en aquella habitación. Todo muy intenso.

    Aquella noche no pude dormir pensando, intentando reproducir en mi memoria los argumentos de aquel Don Quijote, quien con sólo el diálogo y la razón había introducido en las mentes de aquellos hombres el germen de la duda, no ya la razonable, sino simplemente la duda. Y yo quería ser ese hombre…sigo queriéndolo. Y ahora lo sé : esa noche, en la que parecía que no pasaría nada que no fuera una tranquila y familiar sesión de cine con mis padres y hermanos, esa noche, algo cambió, creo que empecé a tomar partido, a elegir bando. Lo que había visto (por lo visto) era más que una película. Y así.

    En una entrevista a Alex de la Iglesia en la que le preguntaban por sus fuentes de inspiraciónn y por sus referentes, contestó que él no luchó en Vietnam, ni estuvo en el mayo francés, ni corrió delante de los grises, ni tan siquiera lo pasó mal durante el tiempo que le pilló la Dictadura; su niñez había sido razonablemente felíz. Así que sus referentes eran las pelícuas, las canciones y los libros. Tengo que decir que también son los míos.

    Y además, quiero felicitarte por tus crónicas. Las sigo muy de cerca. Me parecen muy inteligentes, críticas y sensibles ( que son lo mismo)
    De hecho, a propósito de tu crítica de “Antes que el diablo sepa que has muerto” (Lumet again y buenísima y desoladora) me he bajado y visto “Sérpico”, “La noche cae sobre Manhattan”, “Declaradme culpable”y “La noche es nuestra”. La siguiente: “El príncipe de la ciudad”. Así que, ya ves, de tí me fío.

    En cuanto a “12”, la suspendes y siento curiosidad. Pero ya sé que también preferiré a Fonda.

    Gracias de nuevo. Un saludo y un abrazo.

  2. alcancero dice:

    Gracias, amigo/a Barlovento ,y bienvenido al blog como comentarista, que ya dice usted que como lector/a lo frecuenta. Aunque al ver “12” el lunes me di cuenta que el personaje del honrado jurado no deja de ser un terrible manipulador para consegir darle la vuelta al juicio. Lo del golpe de efecto de traer un cuchillo igual que el del asesinato y sacarlo de forma tan melodramática no deja de mostrar un gran sentido de la puesta en escena por parte del sujeto.

  3. Barlovento dice:

    Claro que sí, Alcancero, estoy contigo. Fonda se conduce como el manipulador y seductor que es ; controla la situación y sabe que , en el fondo, tiene a los demás a su merced, al menos a partir de cierto momento. Y al final, después de todo acaba, más que los demás, legitimando al sistema.

    Recuerdo haber pensado algo parecido viendo las películas de los Hermanos Marx y otras muchas. Sí, esa insistencia de Hollywood en hacer quedar en ridículo al ricachón y poner , sin embargo, en primer término al aventurero, al soñador, al libertario, que justamente porque es libertario, porque tiene imaginación impulso y porque quiere ser libre, representa , mejor que nadie, la bestia del Capitalismo liberado a sus propias fuerzas.

    Decir “Groucho” es decir libertad, desinhibición, imaginación, iniciativa y también, y por eso mismo, el espíritu mismo capitalista. ¿No te parece?

    En “En Club de los Poetas Muertos”, el profesor representa también ese espíritu libre, poeta, soñador, lúcido, visionario, atrevido, que rompe con las estructuras, actuando como un agitador anarquista. La pregunta sería (y también pienso en algunos de mis profesores en la universidad): ¿quién representa, verdaderamente el espíritu del capitalismo? ¿los viejos profesores anquilosados que mantenían esa escuela en aquella situación de momificación generalizada, que llegaban con sus apuntes y los soltaban como cada año?, ¿o aquellos otros cuyas clases se nos antojaban una isla de imaginación, libertad, reflexión ,crítica, pero que en el fondo, al representar al mundo académico de las convenciones, de lo que está hecho y dado, eran quines más hacían por integrarlo?. Creo que éstos, porque legitiman cualquier cosa a partir de la puesta en escena de una falsa libertad.

    Uno de esos profesores míos, que se sabía impostor ( ¿no lo somos todos?) decía citando al filosófo Miguel Morey y con una sonrisa un tanto amarga que “respirar nos hace cómplices” y que no se puede escapar. No quería ser ningún modelo a seguir para nadie ; nos lo dejó bien claro. Decía que acabaría defraudándonos. Tenía una de finición de “seductor” muy divertida: un videoclip ambulante.
    Uy, me viene ahora a la cabeza “La soga” de Hitchcock, va de ésto, no?, entre otras cosas. Qué buena, eh.

    Bien, me ha gustado coincidir. Por cierto, es muy incómodo escribir con desdoblamientos lingüísticos de género, así que estoy segura de que a partir de ahora será más cómodo. Un abrazo.

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