Desde Hitchcock con amor

            Anoche recibí una entusiasta llamada de mi amiga Hermanastra. Acababa de ver en Internet el anuncio de Freixenet rodado por Martín Scorsese y me conminaba a hacer lo propio. Fue un buen consejo. No es que me negara a ver el spot, pero es la típica cosa que uno va dejando y acaba por no hacer, a pesar del reclamo que supone el director de Toro salvaje. Así que me decidí a verlo anoche mismo, aprovechando que cuando me llamó estaba conectado a la red.

 

            Más que un spot, es todo un cortometraje, protagonizado por el propio Scorsese. Siguiendo un poco las modas, empieza como un falso documental donde el cineasta habla con un presunto entrevistador asegurando que ha descubierto un guión inédito de Hitchcock y lo va a rodar, aunque desgraciadamente falta un página. Tras esto se pasa a la caña del spot. Una recreación de la famosa escena del concierto de El hombre que sabía demasiado, con guiños a Encadenados –la botella de uranio, ahora de cava-, Vértigo –el cuello de la protagonista femenina vestido de rojo- y a los estrangulamientos varios que tanto gustaban al mago del suspense. Es un corto impecablemente rodado y que clava la fotografía y la estética de las grandes películas en color de Hitch en los 50. Harris Savides, que recreó la fotografía de los 70 en Zodiac y la de los 60 en American Gangster, que se estrena en navidades, ha sido el elegido para clonar el mundo del autor de Psicosis. Thelma Schoonmaker, la montadora habitual de Scorsese, ha hecho lo propio en La clave reserva, que así se llama este trabajo. Como se ve, un equipo de campanillas.

 

            El resultado es un talentoso divertimento, donde ese irredento cinéfilo que es Martin Scorsese ha podido jugar a ser uno de los grandes genios del cine y demostrar un sentido del humor que no es frecuente en su obra. Hay que agradecer a Freixenet que haya sabido dar un giro a su habitual anuncio navideño y haya dejado de lado a las burbujas con ese aire a número de revista caduca. ¿Quién será el próximo elegido? ¿Se imaginan a un Tarantino o a un Fincher felicitándonos las navidades?.

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3 Responses to Desde Hitchcock con amor

  1. Profesor Franz dice:

    Se impone plantearse seriamente la cuestión de los formatos cinematográficos. Que por un modelo de negocio obsoleto predominen los peñazos de hora y tres cuartos cuando las obras maestras como ésta no tienen por qué durar más de 10 minutos. En otras artes como la literatura o la música el rango desde la micropieza a la enciclopedia o la tetralogía operística es casi continuo, pero en el cine no hay aun esa flexibilidad y las obras deben alargarse artificialmente para responder a las necesidades de los distribuidores. Por lo menos a mí cada vez me da más pereza ir al cine.

  2. alcancero dice:

    Estoy de acuerdo. Las nuevas tecnologías y los nuevos canales de distribución posibilitan reformular la estética del cine, entre ellos las duraciones. De hecho, hablar a estas alturas de cine es un error, hay que hablar de audiovisual. Sin embargo topamos con un sistema donde los directores hacen anuncios y videoclips para sanear la cuenta entre largo y largo y donde el corto es una escuela a superar. Tal vez esto empiece a cambiar. Scorsese ha aceptado este encargo, tomándoselo muy en serio, y Daniel Sánchez Arévalo, el director del magnífico largo “AzulOscuroCasiNegro” ha rodado tres cortos tras su debut en el gran formato. Y prefiero este trabajo de Scorsese en su concisa brevedad que toda “Infiltrados”, una película fallida a pesar de su colección de Oscars.

  3. Academia de Ociosos dice:

    Tras ver ese maravilloso corto, con su fantástico final humorístico que equivaldría en cine al sonoro descorche de la botella, Hermanastra y yo no pudimos menos que imaginarnos al genio de Scorsese, sobrado por genial, aceptando este divertimento no ya sólo por la suculenta cantidad de dinero que se habrá embolsado, sino por las botellas de cava que habrá descorchado entre las románticas galerías de la mina de oro líquido y los mares de viñas catalanas bañadas de sol mediterráneo, entre setas, butifarra, fuet y risas. El mejor Mozart no fue el asustado y enfermo autor del requiem que nos mostró Amadeus, el mejor Mozart fue siempre el que se divertía.

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